Las XXV Becas Joaquín Torres repartirán 45.000 euros en ayudas a 30 universitarios de Mequinenza

Así lo acordó el Consejo de Vigilancia que rechazó una de las solicitudes por no cumplir los requisitos académicos. El acto de estrega se llevará cabo el viernes 20 de abril en la Sala Goya

El Consejo de Vigilancia de la Fundación Joaquín Torres acordó otorgar ayudas a los estudios a 30 universitarios de Mequinenza en la vigésimo quinta convocatoria de las Becas. De las 31 solicitudes presentadas una ha sido rechazada por no cumplir los requisitos académicos. Estas ayudas se nutren de una generosa donación de este mequinenzano que hizo fortuna en el mundo editorial en Latinoamérica y que decidió contribuir económicamente a la formación universitaria de los jóvenes de la localidad.

El número de solicitantes se ha reducido con respecto a la anterior edición pasando de 38 a 31 y por tanto el número de becados de 37 a 30. El importe de cada una de ellas asciende a 1.500 euros, la misma cantidad que en la convocatoria del año pasado, lo que supone que en esta edición se repartirán un total de 45.000 euros.

Entre los requisitos que los solicitantes deben cumplir para optar a las Becas Torres figuran las siguientes: estar cursando, al menos, segundo de la carrera universitaria escogida, reunir los requisitos académicos que el Estado exige en la legislación de becas, haber solicitado beca al Estado y haber residido los últimos 10 años ininterrumpidamente en Mequinenza.

La entrega de las XXIV Becas de la Fundación Joaquín Torres tendrá lugar el viernes 20 de julio a las 7 de la tarde en la Sala Goya de Mequinenza en un acto en el que además de los becados participarán familiares y amigos.

Joaquín Torres Arbiol

Joaquín Torres Arbiol es el emigrante ultramarino más notable y generoso del “Poble”. Nació en Mequinenza el 8 de junio de 1901, este filantrópico mequinenzano dejó su villa natal a los 21 años para hacer el servicio militar en Madrid. Allí y como producto de una serie de casualidades acabó entrando a trabajar en la editorial Espasa, la futura y potente Espasa Calpe.

Tan relevante debió de ser su desempeño en la empresa que poco después, en 1926, la editorial le envió a Buenos Aires al objeto de crear una filial o delegación en la capital de Argentina. Compatibilizó su trabajo además, como comercial de otras editoriales españolas como Seix Barral y Cervantes. Se dedicó a detectar ediciones clandestinas, fraudulentas, sobre todo las venidas de Chile, así advertía a editoriales y librerías para impedir su adquisición, luchando así contra la piratería. En el año 1931 se convirtió en propietario de la editorial Juventud Argentina.

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