Francisca Vilella recupera la memoria olvidada de los ‘Objetos con historia’

Presenta este sábado en la Sala Goya de Mequinenza, un libro en el que estudia los útiles tradicionales y cotidianos de Mequinenza.

La historiadora Francisca Vilella, con un ejemplar de sus 'Objetos con historia'.
La historiadora Francisca Vilella, con un ejemplar de sus ‘Objetos con historia’.Guillermo Mestre

Hoy, que prácticamente se organizan cursillos para todo, casi nadie sabe hacer ya jabón de tajo. Décadas atrás, se hacía así: se introducía la sosa en el agua (hacerlo al revés es peligroso), se disolvía, se añadía el aceite y volvía a remover hasta que la mezcla quedaba diluida. Se dejaba secar dos días, se cortaba y se volvía a dejar secando otras tres semanas. Era un proceso muy trabajoso pero menos contaminante que los que emplea actualmente la industria.

Esta es solo una de las labores tradicionales que se recoge en las páginas de ‘Objetos con historia’ (Círculo Rojo), el último libro de Francisca Vilella, que se presenta hoy (19.00) en la Sala Goya. El contenido del libro lo aclara su subtítulo: ‘La vida cotidiana en la antigua villa de Mequinenza’.

“La historia de este libro se remonta, en realidad, a cuando inicié la investigación de mi tesis doctoral sobre el comercio terrestre, fluvial y marítimo de la Corona de Aragón en el siglo XV. Ahí vi que ya en aquella época había un ingente comercio de artesanía, que se exportaba desde Tortosa o que llegaba allí procedente de otros puntos del Mediterráneo. Y me quedé con las ganas de ‘ponerle cara’ a esos útiles que transitaban de un punto a otro”.

En el camino de Francisca Vilella hubo otro hito, ‘Cocina con historia. Recetas, dichos y saberes populares de Mequinenza’, un libro que publicó en 2014 y en el que no solo reproducía 250 recetas tradicionales, sino que también desentrañaba la pequeña y gran historia de algunos alimentos. “Recogí relatos, dichos y curiosidades, como la forma tradicional de hacer el dulce de membrillo, y seguí con la idea de escribir algo centrado en los objetos”.

Ese libro ya ha salido de la imprenta. “En sus páginas está mi vida –señala Francisca Vilella–. La mía, la de mi madre, que aún vive, y la de mis abuelos, que murieron hace poco, ya centenarios. Con mis recuerdos y los suyos he ido escribiendo el libro. ¿Nostalgia? No, no hay nostalgia en estas páginas, por lo menos no la mía, personal. Pero estos objetos, y los años en los que eran de uso cotidiano, ya se han ido y no van a volver. Nuestra cultura tradicional, de la que se encuentran vestigios hasta en el siglo XV, ha permanecido sin cambios hasta hace bien poco. Así que me parecía bueno recordar cosas que las generaciones jóvenes ya no van a conocer”.

El libro se centra en una vivienda tradicional, y poco a poco se va adentrando en sus estancias: la entrada, con la cantarera, la despensa o la cuadra; la cocina; la alcoba, con los ajuares de novia y la indumentaria tradicional; la algorfa o desván donde almacenar el grano… “La casa familiar era, en realidad, una empresa autosuficiente. Hay útiles, como la portadora (empleada para el transporte de las uvas) que aparecen incluso en documentos del siglo XV, así que han estado presentes en los campos de vides durante más de 500 años. Todo tenía su sentido y su porqué… Un botijo no es cualquier cosa. Se hacía con una arcilla porosa especial para que el agua estuviera a menos temperatura que en el exterior”.

El libro es, también, el retrato de una pérdida, la de una forma de vida que, en cierta forma, está de vuelta. “En tiempos de crisis económica, la ciudad siempre ofrece menos oportunidades que un pueblo”.

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