El Ebro, desbocado, ya supera los ocho metros de altura a su paso por Aragón

El caudal del Ebro superará los 2.500 metros cúbicos por segundo en la madrugada de este viernes. Todo apunta a que la riada será una de las mayores que se recuerdan, similar a la que se produjo en 2015, según han indicado a ABC alcaldes de la zona. Aquella dejó un panorama asolador: infraestructuras destrozadas, el cauce del Ebro desdibujado, unas 20.000 hectáreas inundadas en Aragón, miles más en las zonas ribereñas de La Rioja y Navarra, y pérdidas económicas que rondaron los 200 millones de euros.

El panorama ha empeorado con tal rapidez en cuestión de horas que se fulminaron las últimas previsiones de riada que había comunicado la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE): calculaba un caudal máximo de unos 1.500 metros cúbicos por segundo para el viernes, cuando en realidad en la mañana de este jueves ya había superado los 1.900 metros cúbicos por segundo a su paso por Castejón (Navarra). Y el caudal va a más. Seguirá aumentando peligrosamente durante horas. Lo peor llegará este viernes. De madrugada, el Ebro pasará por Castejón con más de 2.500 metros cúbicos de agua por segundo. Esa será la tromba que que entrará en Aragón, donde la situación se complica de forma añadida por las fuertes y generalizadas riadas que vienen registrando de forma simultánea los principales afluentes del Ebro.

Vista la acelerada evolución, la CHE optó por el apagón informativo en su web de previsiones hidrológicas para el Ebro. Desde el miércoles por la tarde no ofrece otros datos que los que va midiendo en tiempo real, pero ni una sola predicción que pueda guiar a los habitantes de los pueblos ribereños. Esto ha generado malestar entre los alcaldes de la zona. El de Boquiñeni, Miguel Ángel Sanjuán, ha lamentado esa falta de información por parte de la CHE en un momento crucial para saber con la mayor precisión posible a qué riada se van a enfrentar.

Pese a esa falta de previsiones oficiales, el alcalde de Boquiñeni calcula que es posible que esta riada alcance una dimensión similar a la dañina crecida que se produjo en 2015, entre los últimos días de febrero y los primeros de marzo de aquel año. «Por el caudal que llevan los afluentes de la margen izquierda del ebro -los que reciben aguas del Pirineo- creemos que se puede llegar a un caudal en el Ebro de unos 2.400 ó 2.500 metros cúbicos por segundo», indicaba a ABC este alcalde el jueves por la mañana. Pocas horas después, las previsiones eran refrendadas por la propia CHE.

A primera hora de la mañana de este jueves, el Ebro ya rozaba los ocho metros de altura a su paso por las localidades zaragozanas de Novillas y Pradilla.

En el caso de Boquiñeni, el alcalde confía en que las afecciones sean menores que las de 2015, cuando el pueblo llegó a ser evacuado, al igual que ocurrió en Pradilla y en otros municipios aragoneses ribereños del Ebro. Ahora, apunta el alcalde de Boquiñeni, las líneas defensivas que protegen a su pueblo son de mayor calibre que las que le defendían del río en 2015, y eso es una ventaja a priori. Pero no en todos los municipios indican lo mismo.

Durante los dos últimos años han sido reiteradas las veces que la Asociación de Afectados por las Riadas del Ebro (Asafre) ha advertido de la urgente necesidad de acometer un plan de obras en profundidad, que limpie el Ebro para devolverle la capacidad de desagüe que ha perdido con el paso del tiempo, lastrado por los enredos burocráticos y el freno de las normativas medioambientales que impiden dragados en este tramo del gran río. El resultado: el Ebro necesita mucha menos agua que antiguamente para desbocarse y provocar dañinas inundaciones.

Lo que es absolutamente seguro es que el caudal del Ebro, en esta ocasión, ya discurre desbocado, va a superar los 2.500 metros cúbicos por segundo en sus crestas máximas, y las afecciones se multiplican también en varios tramos de los afluentes navarros y aragoneses. Y esto, también con total seguridad, supone -como mínimo- inundar miles de hectáreas de cultivo y poner en vilo, en alerta de protección civil, a miles de habitantes de pueblos ribereños. Y todo esto cuando en el tramo aragonés del Ebro todavía estaban inundadas más de mil hectáreas que ya quedaron empantanadas por la primera crecida que se produjo a principios de esta misma semana.

Ahora, en definitiva, la duda no es si va a haber inundaciones, sino la dimensión que van a alcanzar, si va a ser grave o muy grave. Y, en consecuencia, la otra incógnita es a cuánto ascenderá la costosa factura de esta nueva riada en el Ebro.

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