El siluro se hace grande en el Ebro

El arranque del verano es la mejor época para capturarlos y los pescadores se están topando con auténticos monstruos de río.

Hace ya unos cuarenta años que el siluro llegó a aguas aragonesas. Unos pescadores alemanes introdujeron los primeros ejemplares en el pantano de Mequinenza allá por 1974 y parece que el pez encontró en las aguas del Ebro la calidez que buscaba, porque desde entonces no ha dejado de extenderse.

Cada vez hay más y más grandes. Pero es que, además, su aspecto y sus hábitos alimentarios lo han convertido en el indiscutible monstruo del Ebro y, como todo monstruo, levanta pasiones y recelos a partes iguales. Mientras unos disfrutan tratando de hacerse la foto con el ejemplar más grande de la temporada, otros temen por la conservación de los ecosistemas y las especies autóctonas. 

De lo que nadie duda es de que el arranque del verano es la mejor época para pescarlos. De hecho, en los últimos días, los pescadores del Ebro se están encontrando con auténticos gigantes. Si el otro día Enrique Sánchez compartía con los lectores de HERALDO una foto con la presa de 2,10 metros de largo y más de sesenta kilos de peso que capturó a la altura de la pasarela del Voluntariado, en Zaragoza; este fin de semana es Pablo Sánchez quien nos envía una foto para ilustrar lo provechosa que resulta una sola mañana de pesca por el Ebro.

Entre un amigo, su novia y él mismo pescaron un ejemplar de 2,44 metros, otro de 2,32 y un ‘pezqueñín’ de 1,30 al que seguro que no le hubiesen dado un papel, ni siquiera como actor secundario, en la archiconocida campaña publicitaria contra la pesca de ejemplares que no superan las tallas mínimas.

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