El autor del crimen de Mequinenza: “No te columpies, quiero la pasta para hoy”

En la Audiencia de Zaragoza ha comenzado el juicio por el crimen de Mequinenza, ocurrido en mayo de 2011, en el que murió tiroteado un empresario catalán. El acusado, un trabajador de la víctima, se ha sentado en el banquillo para decir ante los miembros del Jurado que él no quiso matarlo, sino que fue en defensa propia.
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El acusado, en el banquillo, detrás su abogada, el letrado de la acusación, José María Viladés, y el fiscal

El acusado, en el banquillo, detrás su abogada, el letrado de la acusación, José María Viladés, y el fiscal
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Zaragoza.- Un trasfondo económico podría estar detrás del crimen de Mequinenza, en el que murió el empresario catalán Jordi Milián, en sus oficinas en esta localidad zaragozana, en mayo de 2011. El propio acusado, Óscar Molina, ha reconocido ante el Jurado que discutió el día de la muerte porque necesitaba el dinero impagado para montarse su propio negocio. De hecho, llegó a decirle: “No te columpies, quiero la pasta para hoy”.

El encausado ha presentado a la víctima como una persona que “lo de pagar no lo llevaba muy bien”. “Te engatusaba para sacarte de la empresa, pero luego decía te doy esto y ya lo arreglaremos”, ha apostillado.

Esta ha sido la única característica que ha destacado Óscar Molina de la víctima, más allá de que le había dejado una casa para vivir, aunque “a cambio de que le hiciera arreglos”. Sin embargo, el procesado ha querido dejar claro que él no tenía ninguna intención de asesinarle.

“Estaba arreglando un taxi neoyorquino –la empresa del fallecido se encargaba al alquiler de vehículos clásicos o característicos para bodas, actos sociales o películas– cuando Jordi vino con una pistola en la mano y empezamos a forcejear”, ha señalado Óscar Molina, mientras reconocía que primero oyó un disparo y que vio que él llevaba la pistola en la mano. En ese momento, el empresario malherido cogió una barra de hierro y cuando iba a atacarle, el encausado, tal y como ha señalado, le pegó un tiro en la cara porque estaba presa de miedo.

No ha recordado más, tan sólo que se fue a Rubí (Barcelona) con la pistola y que confesó el homicidio a dos personas (su exnovia y el hermano de ella), quienes enteraron el arma homicida, que nunca fue encontrada. De hecho, esas personas fueron arrestadas en un primer momento por este crimen.

El procesado se enfrenta a 18 años y medio de prisión que pide la Fiscalía por los delitos de asesinato y contra la seguridad vial, si bien la acusación particular, ejercida por el abogado José María Viladés, sube la pena 21 años y tres meses de cárcel por los mismos delitos que el Ministerio público, aunque añade la tenencia ilícita de armas.

Desde la defensa, ejercida por María Lourdes Izquierdo, se pide la libre absolución, si bien de forma subsidiaria aceptaría cinco años de prisión reconociendo que existió un homicidio imprudente y que concurrió la legítima defensa porque la víctima intentó atacar a su cliente, primero con la pistola y luego con una barra de hierro.

La vista oral continuará este martes con la declaración de testigos.

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